EL MAR QUE NOS ENSEÑÓ A SENTIR

EL MAR QUE NOS ENSEÑÓ A SENTIR

Una expedición científica familiar a Tumbes y Piura, donde niños, adolescentes y adultos descubrieron que viajar también puede ser una forma de aprender y de cuidar

Hay un momento en el que el mar deja de ser paisaje. Ocurre sin aviso: una ballena aparece a lo lejos y el bote entero se queda en silencio, o una tortuga pasa junto a las piernas de un niño que hasta hace poco solo conocía el mar de Lima.

Ese fue el punto de partida de la última edición de Ecoaventuras, el programa de la ONG EPSUN (Environment Pro Sustainability Network) que lleva a las familias a aprender con los pies en el agua. Esta vez, 20 participantes entre padres y alumnos de Lima Metropolitana viajaron a las costas de Tumbes y Piura para observar, medir, preguntar y, sobre todo, sentir.

Lo que pasa mar adentro

El cambio climático y la acumulación de plásticos alteran los ecosistemas marinos y ponen en riesgo especies clave como las tortugas y las ballenas. Ese desequilibrio no se queda en el agua.

El enfoque One Health (Una Sola Salud) parte de una idea sencilla: la salud de las personas, la de los animales y la de los ecosistemas están conectadas. Y hay una dimensión más silenciosa: convivir con un entorno que se deteriora también afecta la salud psicoemocional, y se expresa en estados como la ecoansiedad, cada vez más frecuente entre niños y adolescentes.

Frente a ese panorama, el contacto directo con la naturaleza funciona como un canal para regular las ecoemociones y motivar conductas sostenibles. No se trata de asustar a nadie, sino de que la preocupación encuentre algo que hacer.

Aprender con el mar delante

La expedición incluyó avistamiento de ballenas y nado responsable con tortugas, bajo una premisa clara: apreciar la fauna marina sin invadirla. Mantener distancia, no tocar, ni alimentar, observar sin interrumpir. Para muchos participantes, esa fue la primera lección.

En los Manglares de Tumbes el recorrido cambió de ritmo. Entre raíces que crecen dentro del agua salada, las familias conocieron uno de los ecosistemas más productivos y frágiles de la costa peruana.

Dos playas, dos respuestas

En Punta Sal y Zorritos las familias realizaron observaciones comparativas: flora y fauna, residuos sólidos, turbidez del agua y hábitos de los visitantes, registrados en fichas de campo, entrevistas y dibujos.

El ejercicio tuvo un giro poco habitual: junto al dato, anotaban la emoción que ese dato les provocaba. Así, niños y adultos construyeron un registro doble de la misma playa, el objetivo y el emocional.

El día en que las familias escribieron cartas

El viaje no terminó en la playa, sino sentados en círculo. En el panel de reflexión final, las familias compartieron sus propuestas para mejorar los servicios turísticos. Estas mejoras fueron recogidas mediante un formulario, mientras que las familias también redactaron cartas dirigidas a empresas y operadores turísticos locales, como parte de las actividades siguientes. Así, la experiencia continuó más allá de la visita, transformando las reflexiones en acciones concretas de educación ambiental.

De la experiencia a dos productos concretos

La expedición ya dejó resultados: familias de Lima Metropolitana recorriendo Tumbes y Piura, observaciones comparativas y actividades de evaluación ecoemocional en Punta Sal y Zorritos, y un panel de reflexión del que salieron propuestas concretas y cartas enviadas a empresas y operadores turísticos locales.

Pero el viaje no era el punto final; era la materia prima. Todo lo recogido en el camino como fotografías, fichas de campo, dibujos y conversaciones, confluyen ahora en dos productos que están en desarrollo.

El primero es el mural fotográfico Ocean of Memories, cuya instalación está prevista en el colegio Reina del Mundo; allí, lo vivido por estas familias quedará a la vista de toda la comunidad educativa, para que más personas se detengan a pensar en el turismo que practican. El segundo es un estudio cualitativo de tipo fenomenológico, actualmente en curso, que analiza cómo el contacto inmersivo con el mar moldea las emociones y fortalece la conciencia climática en niños, adolescentes y sus familias.

Uno traduce la experiencia en imágenes; el otro, en conocimiento. Juntos son la forma de que un viaje de unos días siga trabajando mucho después de haber vuelto a casa.

Viajar con propósito

Las familias volvieron a Lima con fichas llenas, dibujos y una idea que se vuelve nítida con el tiempo: “Cuidamos mejor lo que conocemos de cerca”. Ahí está quizá la respuesta más útil frente a la ecoansiedad: no hay que elegir entre disfrutar un viaje y hacerse cargo del planeta.

Esta iniciativa cuenta con el respaldo de Travi Tour, empresa comprometida con el turismo educativo y sostenible en el Perú. Porque un viaje bien diseñado puede dejar mucho más que fotos: puede enseñar a mirar, mover a la acción y devolver algo al destino que lo hizo posible.


Una iniciativa del programa Ecoaventuras, de EPSUN (Environment Pro Sustainability Network), con el respaldo de Travi Tour y la participación del Colegio Peruano-Alemán Reina del Mundo y su Brigada Ecoambiental Reinamundista (BEA).

        

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